Capplannetta y el viejo mundo

¿Cómo no encontrarme con ese ser cretino? Si me asalta en las dudas, la Libertad y el teléfono. ¿Cómo me encuentro ahora sin identidad? Me encuentro debajo de una piedra como en verano el alacrán. ¿Cómo no quererte ya, si no crees en tu natalicio, tu ser insumiso y la mala Navidad? Si me boicotea esta pena al arrojarme del paraíso, tengo un callo en la derecha y otro a la izquierda por las agujas de mi prisa vegetal ¿Cómo no decirte ya que camelo hablar contigo pero me acompaña el naufragio en la mismísima pleamar? A nadie importa que esté solo, y mi soledad es un gran suspiro, eterno, largo, e intensivo. ¿Cómo decir que yo no he sido? Si me acompaña el destierro de mi propio sacrificio. ¿Cómo no te voy a querer si eres ciudadano de este viejo mundo? Este mundo ya no es mío, eso dicen los abuelos que desconocen al Dios del algoritmo. ¿Viejo mundo que quieres que desaparezca o quieres una revolución o tal vez la mitad? La mitad de un corazón tiene a mi cerebro en la miopía de la mediocridad. ¿Acaso crees que escribiendo vas a acabar con el mundo? El mundo terminará por el monóxido de carbono, por destruir la capa de ozono, se deshielan los polos. Se deshielan los polos, la próxima guerra mundial será water war. Yo antes que se acabe todo quiero gozar. Quiero exterminarme de tu cariño inmenso. ¿El mundo viejo no tiene derecho a llorar? La naturaleza las dará tan pronto que todas las puñaladas con estiletes y excusas con fundamento de buenísimo metal. ¿El mundo es viejo pero más viejo es aquel que conoce la gran verdad? Este mundo cansa, todos tan iguales y al mismo tiempo tanta desigualdad mental.

Capplannetta el loco

No creas que voy a suplicarte cariño, y a decirte que nadie me quiere. Me quieren mis padres, con eso me basta. No pienses que la soledad es mi derrota, mi soledad es mi victoria, pues estando solo te regalo mi ausencia y yo gano sin ninguna presencia. No nací para amar en público. Yo amo desde la distancia. La distancia no es olvido, la distancia es hermana del mediodía y por eso, sólo por eso, me gusta la noche cuando se esfuma el miedo. No tengo miedo estando solo. Tengo miedo porque la luz yo me la fabrico en la noche y en el silencio nocturno los ruidos se hacen más evidentes. Estoy loco, sí, tal vez sea que me acostumbré a vivir para ambos mundos, el primero cuando nací; el segundo, cuando te conocí. Me asusta la guerra de mis sosias que claman venganza, son mi misma naturaleza. No quiero guerra, me gusta que la noche no tenga paredes. Me acostumbré a bailar con el demonio azul que se emborracha con endrinas. La batalla de un loco siempre es derrota, porque dejan de quererlo los amigos de antaño y mujeres despechadas, dejan de quererlo las chicas de la juventud, y se convierte por arte y birloque en el enemigo que no presentió. Yo sólo quería ser tu amigo, pero nos separa la distinta perspectiva de ver las cosas.