Capplannetta en el subsuelo

Podría decir que por enésima vez he tocado fondo. Nadie me puede ayudar y tengo que apañármelas solo. Mis padres son mi divino tesoro. No entiendo esa gente que opina que para ser artista se debe cortar el cordón umbilical. Dependo tanto de mis padres que los adoro y son la única certeza que me da la vida de que no me fallarán. Tengo mucho miedo de perderlos. Pero cambiando de tercio.

Tocar fondo no es fácil para nadie. Y yo he tocado un fondo en el mismísimo subsuelo. De un tiempo hasta aquí mi vida ha sido una lucha con respecto a mi salud mental. Nadie puede entenderme, me veo solo, y no llegaré a tener pareja nunca. Existen otras maneras de hacer sexo, pero es caro. Además tengo demasiados inconvenientes en torno a mi economía. Estoy a un paso de la locura. Ya no busco novia, ninguna mujer se va a ir con un tipo como yo. No les guardo rencor, ni pretendo hacerme la víctima, pero la vida en pareja es compartir, luchar unidos, y luego vienen los deleites del amor correspondido. Tengo que admitirlo, nadie quiere tenerme como socio en este asunto de las salidas nocturnas. Mis miedos, mis despertares, mis desengaños vienen como paquete adicional a mi vida en el subsuelo.

Digamos que la vida me ha gastado una broma macabra que tengo que afrontar viviendo de recuerdos y nostalgias. En este mundo hay gente tan sumamente ignorante que no encontrarían ni la punta de un alfiler. La gente sensible y vulnerable es la gente buena, la verdadera. Antes no tenía miedo a nada, y ahora el miedo me tiene agarrado por los huevos. Esto es así. Ni más ni menos. Quiero paz, segregar endorfinas, y sobre todo, mis padres felices.

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