Capplannetta y el rompecabezas

Tengo la seguridad de que no voy a conseguir completar este rompecabezas. Dicen unos, el miedo es libre, otros dicen, el pensamiento es libre, libertad de prensa, vivimos en un país libre, libertad de expresión. Y yo no creo que eso sea cierto. Conseguir completar este rompecabezas me va a costar romperme el alma. Es más, ya la tengo rota. He visto a la muerte a dos pasos de mí. Todo forma parte de un desorden galáctico. El universo es un caos, al igual que mi pensamiento. Igual que mi desordenada estela que parece un galimatías lunar. Un rompecabezas es una manera más de pasar el rato. Lo que me extraña es que ese rato componga la visión real de un paisaje, de un monumento, de una maravilla del mundo. Me dices, yo no soy como tú. Dices que la gente como yo hace hablar a los mudos. Bienvenido sea. Pero yo, que soy libre aunque me encierre y esconda, aunque componga piezas de ese rompecabezas, ¿libre? ¿Libre de qué? El sacrificio más importante se hace, no ya por amor a Dios, sino que el amor de Dios es dar la vida por un amigo. Ser fiel a un amigo conlleva a la verdadera pureza de los mártires del desengaño. Yo ya no creo en los rompecabezas de cartón piedra. Yo creo en los rompecabezas que provienen del amor y la armonía en pleno estado de simbiosis. Puede parecer macabro, pero me han gastado una broma y se han reído todos menos yo. Hay miedo libre, pero el peor miedo es a uno mismo. Cuando al fin te has roto la cabeza y ya nadie quiere saber de tu existencia, y cuando las cosas contemplan no es recíproco. Porque los ciegos no conocen, son extrañas criaturas.