Capplannetta siendo niño

Un niño es un hombre futuro. El galimatías que tienen los niños dentro de sí nunca debe ser desvelado. Yo muchas veces me he soñado niño, y es algo maravilloso. Un niño poeta es Rimbaud. Eso le ocurrió antes de ser negrero. Pero como nadie tiene una vida perfecta, ya que el hombre es asido pese a sus imperfecciones, la mejor época es la infancia. Jugar y jugar y crear historias con tus clips de Playmobil. O jugar con coches en miniatura. O con soldaditos diminutos de plástico. No conozco momento alguno en mi vida más rica en sueños e inocencia que la que tuve en mi infancia. Las persianas de mi madre eran antiguas y eran de madera, y yo mordía y mordía la parte de ventana que daba al interior de la casa para conocer el sabor a madera. Quiero añadir que me gustaba saborear el metal de las llaves. Oler la gasolina cuando paràbamos a repostar. Recuerdo que una vez al pasar por Albacete para ir a Andalucía, me encapriché de una armónica. Había infinidad de navajas y cuchillos. Pero yo me enamoré de la armónica. Mi padre se negó. Y ya llegados al pueblo de mi padre alquiló una mula dócil y nos montamos un montón de niños. Desde ese momento quise tener un caballo para mí solo. Había visto los ponis y los potrillos del que era dueño el hombre al que alquiló la mula mi padre. Y yo lloraba y lloraba y le decía a mi padre: —Papá yo quiero un caballo. Y mi padre contestaba: —¿Y dónde lo metemos? Y yo le dije:—En la bañera de casa. Y mi padre reía. Qué fuerza tenía mi padre entonces, quien tuvo retuvo, eso dicen. Pero mi padre ha comprendido en mí que la lógica es la mejor medicina para mí persona.

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