Capplannetta y la soledad buscada

Es la edad, la madurada edad que me trae esta soledad. La soledad mía vendrá de la realidad en las postrimerías de mi orfandad. Hermano y hermana, seamos lo que nos podemos dar. Comidas en domingo, cenas en Navidad. Hay cosas y razones que se curan con la edad, una, la adolescencia, otra, la amistad. Seleccionas las amistades, y apuestas por la lealtad. Prosimetrum es este poema, y vademécum aquella estatua de sal. Yunques de acero y gramos de contrariedad te harán someterte al preámbulo de la humildad. Amigos hay en la vida, con su causa cada cual, cada par con su enfermedad. Respeto, pido piedad y respeto, para la grandeza de la salud y el amor escrito en frías planchas de metal. Como costumbre yo creía que el mejor verbo era amar, pero el mejor verbo es sanar, desde donde la espesura natal te da calor, te da paz y tranquilidad. Pido paz para la humanidad. Pido paz ante la guerra en la ciudad. La guerra del asfalto de alquitrán que hace vertiginosa la velocidad. Calma, calma ante la verdad. Despacio y en voz baja se crea la reciprocidad. La soledad del hospital. La soledad de la humanidad, atomizada declarada parte de sesgo mundial. Hubo un tiempo que yo quería lograr ser opulento en amistad. Pero la razón nos enseña su verdad. La verdad porque los hombres tienen que callar. Y callando más de lo que debes hablar aprenderás que el fruto no es llegar, el fruto es ser imparcial, neutralidad, repleto de oportunidad, donde mujeres y hombres dictan su causalidad en el latifundio que trabaja desde el nunca acabar. Secarrales y obviedades por declarar. La felicidad está en los festivales, en los saturnales y en las fiestas de guardar. Todos son códigos vitales de supervivencia. Códigos repletos de contrariedad. Es digno ser escueto desde la culpa negada que muchos dan. No existe fe sin una sed, no existe soledad en una casa de cristal. Existe un destino suscrito en las aguas del mar.