Nana en prosimetrum

Duerme, anciano duerme, entre la culpa boba y los hospitales. Duerme, señor mayor, para que mañana veas al sol. Imposible es esta nana, porque usted, señor, despierto sabe del problema y conoce bien la canción. Duerme, viejito duerme, entre el olor de farmacia en habitación sin televisor. Duerme, anciano duerme, a pesar de arrugas y cansancio atroz. Duerme, en el lugar de Dios, aunque no sepas de religión. Si tu agonía dura más que las dos vueltas de tu reloj, que sepas que no hay pena sin su dolor, no existe rosa sin espinas ni olor. Duerme, viejo en la voz, tose si has de toser, que se conmueva tu corazón, con la risa de los descansos y las ganas de satisfacción. Un anciano es veterano del legendario histrión, un anciano deja aquí sus riquezas, la vida entera y una misión. Del amor santo, el amor de Dios, tus labios secos, tu piel cartón, y esta nada dulce sin frivolidad y sin temor. Te espera lo que a mí me espera, en los meses de invierno, en una habitación. Duelen los hechos, duele la operación, duelen lejanas las juventudes de años locos con ilusión. La ilusión que tú viviste se la llevó una comparsa con santo estupor. Se acabó el dinero, se acabó el sabor de los platos con pan duro, masticando un insípido mejunje y siendo tú anciano, un hombre mayor, duerme y sueña la luz del resplandor. Que tus carnes están ya moradas y quizá sea mejor reanimar la infancia con verde color. Señor, señor mayor, en este hospital todo acabó, duerme sedado, duerme con suero, las agujas son vías por donde la morfina te dormirá el adiós. Te despides con tristeza de todo, de las cosas vividas y de cuando te dijeron un no. Duerme, duerme anciano hombre, que esperas la absolución, en este hospital donde la extremaunción te dé la paz que existe y que te fija el recuerdo de una madre, el primer beso, el dulce amor. Duerme, anciano niño, donde murió la vida efímera de los hombres de Dios. Buscas perdón en tu súplica, pero tú vida es una canción, donde suena la guitarra y el acordeón. Duerme, anciano y completo como una fruta digna entre flor de naranjo y hoja de limón. Duerme, descansa, aquí acabó, tu vida, la paz de usted, señor, duerme entre dos décimas de fiebre, que se llaman Pilar y Encarnación. La vida sin óbito y sin esquela es castigo de eterna prisión, los cardenales, llagas, el tumor, son sentencia con antelación de que la vida es hermosa y no hay nada nuevo bajo el sol.

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