Capplannetta y esto otro

Cierto es que nos intentan atomizar por medio de la tecnología, los virus de laboratorio, y la joya de la corona: la precariedad laboral contra el gran capital. Echo de menos los tiempos de gramola, cassettes y fumar en los lavabos del colegio. Ahora todo es más cómodo, más confortable, nos venden miedo para que contratemos seguridad privada. La era digital espero que no sea o sirva de expolio en África, ya que si los africanos se sacrifican desde sus países de origen y se unen para lograr una logística bien organizada y eficiente, puede que sea África la que protagonice la cuarta revolución industrial. Ahora la tecnología, y todo lo que eso significa, se puede traducir en resultados óptimos para la ciencia, la medicina, la biología y la ecología. 

Pero seamos coherentes. El pangeismo junto a la cooperación entre el mundo, partiendo desde la base al respecto de la unión mundial, esa quimera es fácil soñarla pero…

Yo estoy encantado con este tiempo que me ha tocado vivir en algunos aspectos. Pero el VHS, las cassettes, y el olor de los libros amarillentos es ya tiempo pasado. Ahora con las guerras biológicas y los satélites pretendemos olvidarnos de lo analógico y lo llamamos vintage. Es bonito coleccionar revistas, visitar a los anticuarios, pero ya estamos enfrascados en un proyecto de mundo que es realmente serio, pero al que no damos todavía con la pieza del puzzle que nosotros mismos hemos creado. Unos lo llaman utopía, éstos tienen esperanza; otros, lo llaman distopía, quizá tengan razón, pero a la vez nos están acondicionando hacia la misantropía, hacia los complejos debido a la mala televisión que se digiere. Veo el mañana con una visión de esperanza, de sosegado optimismo inocente que me mantiene. Para que no se lleven la música, tampoco la cinematografía y el teatro, la cultura, la cultura por amor al arte. Es bonito socializarse, pero entre virus de laboratorio, la alarma social que esto crea, la especulación inmobiliaria, la precariedad laboral, y otras martingalas nos están dando ganas de movernos al unísono de un azar megalómano, como música de cascabeles. El reggaeton es una aberración, en calidad y en contenido, estamos en un lugar donde todo el mundo se mueve por dinero, por la superficial imagen, y por la televisión basura que te invita a soñar entre la vigilia y la soledad.

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