Capplannetta desde el pozo

Ha quedado claro hace tiempo ya que estoy solo. Llamo a mi madre, no me oye, llamo a mi padre, tampoco, llamo a mi hermana, llamo a mi hermano. Y nada. Todos tienen una vida alejada de la mía. No sé ni cómo ni cuándo me metí en este pozo del que nada bueno sale. Los amigos, son gente corriente, gente especialista en el consumo de risas y algarabía. Llamo y llamo, y nadie me escucha. Volvamos a empezar, demasiado tarde, contesta la voz de la conciencia. Hagamos algo para morirnos de la risa, ya no tienes gracia. Repitamos la primavera de antaño, ya eres demasiado viejo. Evoco a Reinaldo Arenas y me digo: -Todos sufrimos la angustia del largo equinoccio de invierno. Llamo y llamo desde el pozo. Me invento una nueva manera de vivir y de morir. Ando toda la casa, de la cocina a la alcoba. Cuando era un hombre casado estaba realmente solo. Se acerca mi madre al pozo y me dice que no estoy solo, que existe una conexión HDMI en la que puedo ver cine, soñar y reírme. Pero eso tendrá que ser en el pozo. De allí no puedes salir. Gritar es fallido tanto griterío. Me siento inútil, más inútil que el diario repetido de la noche. Hay otros mundos para gente como yo, ambos mundos desplegadlos como un mapa mundi. Tengo la soledad del cosmonauta. Soy un hombre solo que ve un supernova azulada en las galaxias. ¿Por qué no nos proponemos ser como la vida nos mastica y nos traga? Yo no he hecho nada a nadie, sin embargo este pozo es ahora mi propiedad privada. La única que tendrás mientras no resuelvas el galimatías en el que te has metido. Prefiero paz antes que encierro.

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