Capplannetta y el mundo feliz

Hay gente que le resulta la vida fácil y dan consejos como el que te regala un trasto que no usaba. La vida es dura para todos, y digo bien: para todos. ¿Podemos pensar que para algunos la vida es más fácil para ellos que para los demás? Yo creo que no. Porque aquel que no sufre por una cosa, sus pesares, al fin y al cabo, son de un enfoque distinto. Yo me creía el rey del mundo, como tantos y tantos adolescentes, pero el mundo es un lugar indómito, no tiene reinado. Yo puedo dar las gracias, sinceramente lo digo, por haberme tirado a la mala vida de las letras. A otros les puede dar por otras cosas. Mi padre, por ejemplo, leía y tenía muchas ganas de aprender, pero se casó, se interesó por el fútbol, la petanca, coger bolets, cogía espárragos trigueros (silvestres) y también le gustaron por un tiempo los pájaros de mesa. Mi padre es un enamorado de la naturaleza, hasta tuvo un huerto precioso y cosechaba bastante. Mi madre no gusta de naturaleza, tampoco de la playa, tengo unos padres sencillos, aunque mi madre es como un boxeador, siempre preocupada en perder peso, llega el verano y la Navidad y gana peso, y otra vez a dieta, digamos que tiene mucha fuerza de voluntad. Y no es por fardar, pero mi madre se preocupa “demasiado” de mis hermanos y de mí. Para ella la vida son sus hijos. Para mi padre también, aunque le gusta ir a la suya. Mi madre se cuida mucho, y salen el matrimonio a pasear casi a diario. Pero volvamos al asunto en cuestión. Para mí la escritura es algo más que un tic. Es lo que yo llamo a veces “mi tabla de salvación”, ya que naufragar, hace tiempo he naufragado. Pero no me puedo quejar. Sigo en la brecha, y quiero, en este blog que les presento, envejecer como el buen vino. Me quedan etapas por escribir, por ejemplo, la vida de ahora, que no es fácil, cuando salga de la boca del lobo quiero leer, leer mucho. Soy reacio a los brindis al sol. Aunque es mejor no hacer planes a largo plazo. Dios se ríe de ellos. En fin.