Capplannetta y la escritura 2.0

Vengo diciéndome hace años que soy mi peor enemigo, aunque también soy quien mejor me entiende. No tengo otra salida que escribir, leer cuando me pueda concentrar, pero está visto y comprobado que la escritura es mi mejor amiga. Los amigos no me entienden. Me aconsejan y les doy la tabarra. También le doy la chapa a mis padres. El mundo es algo que va a contracorriente contra mi persona. Yo no nací para estar como estoy últimamente. Yo quería tener muchos amigos y rendirme a la filantropía como nadie ha tenido la suerte de hacerlo. Y digo suerte, porque he sido filántropo para convertirme en un misántropo miedoso aunque resignado. Decía que la escritura es mi único consuelo. Ni mis padres, ni familiares ni amigos entienden lo que a mí me pasa. Tampoco creo que lo tenga bien claro el psiquiatra que me lleva en este proceso. Llorar no lloro, pero tengo momentos de lucidez que para otros son un fastidio, y yo delito no veo. Delinquir o traicionar el pensamiento que antes era cuestionamiento y confianza, después se vuelve un artefacto manipulado e inocente para después acabar en esta soledad, de la que soy el único testigo y el único que puede darse su verdadera medicina. Una pregunta: ¿ustedes no han vivido momentos en los que has perdido todas las batallas? Yo sí. Y eso es el miedo, amigos. Un miedo corrosivo que te hace enemigo de ti mismo, sin lugar al consuelo, la fe y la esperanza. Solamente tengo a Dios. Y digo Dios en sentido de autocomplaciente respuesta a mis ahogos perpetuos. Yo creo que es peor buscar consuelo en las personas que en un Dios que no da signos de existencia. Al no dar signos de que exista lo llaman “libre albedrío”, pero yo creo que es como predicar en el desierto. O yo soy un necio o los demás aparentan necedad. Un hombre como yo, con la justicia hecha añicos, un hombre sin credibilidad aunque sea siempre negada y al cantarla se afirma toda. Un hombre que ha roto con la luz lunar, con la luz solar, y el día a día es, digamos, ceder y hacer a otra naturaleza tu leal pleitesía. Yo debo ser de otro mundo, aunque mi madre se empeñe en decir que nací sano. Mañana naceré en arcilla, soy un Adán castrado.