Capplannetta, por los que se fueron y por los que todavía están

A raíz de la pérdida de mi abuelo materno es cuando yo tuve conciencia de lo que era la muerte, del vacío irreemplazable que deja, fue en ese momento de mi vida cuando fui consciente de que lo mismo que se había ido mi abuelo mis padres también se irían un día. Yo en la infancia y en la adolescencia sabía que la gente se moría. Se murió mi perro, iba al cementerio a la tumba de mi abuelo paterno, pero no entendía aún el significado. En el colegio nos enseñaron que haciendo el bien uno iba al cielo, al edén, al paraíso. Esa idea tenía yo de la muerte. Pero cuando comprendí que se apaga la máquina y nos vamos a la nada fue ya cuando era adolescente más tardío. Entendí que mis padres se irán o yo me iré antes que ellos y eso era la vida. 

En estos tiempos de pandemia y cifras escalofriantes día a día, pones la diversión a un lado y el hecho de ser responsable al otro lado de la balanza, y no salen las cuentas. Llegas a un punto en la vida en que cuentas a los amigos y los familiares que de verdad te quieren con los dedos de las manos. Entonces es cuando la vida se pone seria. Y aquello de lo que te reías en la infancia y la adolescencia, después de adulto, ya no te hace tanta gracia. Cuando empiezas a verles el tiempo justo, y son tan viejos tus padres que no quieren ir a verte, lo que quieren es que vayas tú. Y tienes que ir, porque sí, porque se van y te estás haciendo ya mayor también. Y la vida no es como la imaginamos. Hay padres para cien hijos, pero ningún hijo para un padre. Yo así lo creo. Cuando tienes que ir a ver a tus padres, y todo el día viendo televisión, con la de años que han estado trabajando. Desde niños, a temprana edad. Los veo y se me parte el alma. Porque un padre te ayuda, aunque una madre siempre está ahí, y no hay que olvidar nunca las cosas que han hecho por ti. Por eso, cuando te encierras en la casa y no vas a verlos, tienen que venir ellos a verte a ti. Eso es ser un egoísta. Puede ocurrir que hayas perdido el apetito por la vida, pero si te ven tus padres y se van, los padres no son eternos, y cuando quieras enmendarte ya no podrá ser. Aprovecha el momento. Cuídate tú, y cuida de ellos. Vuelve a casa, tus padres están delante del televisor. En las paredes cuelgan los retratos de cada hijo. Pero tú no estás presente aunque echen en falta tu presencia. Cuando tengas un momento ve a verles. Se pondrán contentos. Aunque sólo sea un rato, pero ve. Cuando no estén agradecerás haber ido. 

Deja un comentario