Capplannetta y la realidad incauta

Benditos sean los hombres que luchan para que las espigas se alcen, pero no más allá de la cintura del hombre. Una verdad incauta puede llegar a decepcionarte, porque si se dice la verdad desde la inocencia, e ignorante de esa verdad, más puntos tienes para que esa realidad incauta te acorrale. Porque la mentira, dicha desde la inocencia, puede llegar a ser una verdad incauta. Misioneros desde el crepúsculo ciego,  os hago ver un mundo de coloridos vítores por la luna y sus fragancias. Los niños van a la escuela, y los niños que no quieren ir, al final se van de la mano de una estrella, parafernalia escolar en las pizarras y los mapas gigantes. ¿Se puede ilustrar un inocente suspiro? Mamá, Papá, ¿por qué me confunden con una chica? Si ni siquiera soy madre, ni soy princesa, ni niña mojada. Será que no somos nadie mujeres del todo, ni hombres machos que hacen ruido por las noches como potros metidos en un apartamento. ¿Qué sabe nadie de quién son los besos que se dan al cactus? ¿Por qué dices que yo me arrimé a la chumbera si las espinas de un higo se perdieron en el recuerdo? Recuerda, que todos estamos cerca de ser femeninos o ser masculinas, solamente la última canción nos sacará de la misma discoteca, sí, ahora que no se puede, por la maldita pandemia, y porque tiemblan en silencio nuestros apellidos. Un escalofrío recorre la carne de aquellos que creían en la calamidad del cielo, el cielo habla, que hable, para mí es como oír mascar chicle. Me duele que mujeres y hombres oculten el andrógino símbolo que los acerca, se retrasa el AVE Madrid-Barcelona, ya no son las cosas como eran. Será que se han podrido las canciones patrióticas y las señeras de la flor amatoria.