Capplannetta sense patria

Todo aquel que haya estado más de un mes fuera de su tierra al final ha tenido momentos en que la ha extrañado. Echar de menos a tu patria no quita que seas más o menos patriota, todo el mundo quiere una vida mejor, y si esa vida la vives en tu patria, mejor que mejor. Esto lo digo porque en cualquier lugar puedes sentirte como en casa, solamente a veces, ya que es un concepto de mirada y de manera de pensar, y no un concepto acondicionado por el lugar en sí. Piensen en los emigrantes españoles y después tengan esa empatía con los inmigrantes de cualquier lugar del mundo. No nos hace diferentes la raza, la nacionalidad, la religión o el idioma, nos hace diferentes la manera de pensar, y no es demasiado, todos tenemos algo en común, y por eso dirán tal vez que todos somos hermanos. Cuando estás lejos de tu patria buscas hacer las mismas cosas que ya hacías en tu lugar de origen, y no es capricho, es que las personas somos por antonomasia costumbristas. Vivimos en un ecosistema y queremos que esa manera de vivir perdure en nuestra perspectiva cívica, ya que es parte de nuestro ADN que tiene una percepción localista dentro de cada ámbito donde su presencia física se intenta asentar y afianzar en cualquier parte. Por ejemplo, en ámbitos no demasiado lejanos también se hace clara ésta cierta nostalgia por lo local, por lo primigenio, por lo primario. Prima en nosotros la costumbre como en el caso de los animales y en las plantas. Si nos sentimos desplazados es porque encontramos parámetros distintos a los nuestros y también en otras formas de comportamiento. En nosotros subyace esa relación psíquico-afectiva y la llevamos a cabo desde que nacemos hasta la vejez. Debe ser por eso que en el rastro de los enfermos de Alzheimer quede de alguna forma la impronta de la infancia en la manera de comportarse de estos enfermos, es lo que llaman ese niño que llevamos dentro y no “debemos” dejar que muera. Eso con respecto al soñar despierto, pero en el caso de la vida adulta también se refleja en comportamientos para aclamar cariño y ese engreimiento pueril lo trasformamos hacia nuestra pareja, como si ésta fuera nuestra madre o nuestro padre, ya existía este paralelismo en la antigua cultura griega. Es así.