Capplannetta y la paciencia

Tengo un amigo que siempre me aconseja tener paciencia, y él, aunque lo desconozca, dejé de tener paciencia en mi pasado nada deslumbrante, digamos más certeramente, oscuro y siniestro, un pasado que no diré nada acerca de él, pero no es algo de lo que esté orgulloso. Aprendí después, quiero decir algo más tarde, a tener paciencia de los editores venezolanos, ya que allí la vida va a otro ritmo, pero esa experiencia me ha servido para tenerle hoy paciencia a los editores, mejor hablar en singular, de mi editor en España. De cualquier cosa sacas una enseñanza fructífera. No soy un escritor muy prolífico, digamos que lo que publico son más bien posts como este en momentos pertinentes. Soy una especie de escritor que rehuye de horarios, disciplina y métodos pragmáticos, no me gusta hacer las cosas por obligación, no me gustan los horarios ni las imposiciones, escribo por placer, no para ganar dinero, ni por prescripción médica, escribo por mera evasión y si esto me lleva a mantener algún orden establecido dentro de mi caos cotidiano que no intento que sea una rutina, aunque mucha veces sí lo sea, por cuestiones debidas a mi naturaleza. A una naturaleza un tanto ácrata y disconforme con las normas impuestas por una sociedad, que muchas veces, no me tiene demasiado en cuenta. Aunque no puedo quejarme, la vida es como es, pero aunque no tenga mucha disciplina con respecto a la escritura, sí debo tenerla en cuestiones que no diré. En esta vida se puede contar algunas cosas, pero contarlo todo, además de cansar al lector, es perjudicial para la propia persona que habla. Siempre me reservo una parte que jamás debe ser revelada, que cada cuál le ponga su ingrediente imaginativo. Pero debo confesar que lo que más me gusta es escribir, sin imposiciones ni disciplina.