Capplannetta y los celos

Hace unos meses fui al podólogo, y cuando me rascaba el talón y la planta del pie con la máquina yo movía el pie bruscamente y me decía: -¿Qué te pasa? ¿Tienes cosquillas? Y yo le dije que sí. Y el podólogo me dijo: -Eres celoso ¿verdad? Y yo avergonzado le dije que sí asintiendo con la cabeza. El caso es que me viene de herencia. Mi abuelo también lo era. Mi abuelo en los tiempos que vivieron de campesinos y pastores en el pueblo le hacía nudos a la puerta de la casa por sí salía mi abuela o entraba alguien tenía que desatar nudos y por consiguiente mi abuelo descubría que había entrado en la casa alguien más que él. Mi abuela lo entendía, y entendía también que lo hacía porque la quería. Murió mi abuelo antes que mi abuela, pero mi abuela siempre lo recordaba con cariño. Yo también he sido celoso con mis parejas, pero yo me hice celoso con los años, digamos que fui engañado. Amigos desleales, parejas despechadas, todo ha sido una multitud de ingredientes. Mi ex dice que nuestro matrimonio terminó por mis celos absurdos, puede que tenga razón, pero siempre hay más que eso. Al principio ella me quería a mí más que yo a ella y cuando la conocí me hice el ciego en aspectos económicos, yo ya sabía que no era la mujer de mi vida, pero me casé y lo intenté, aunque fracasé. Ella me quería más a mí al principio (repito) pero después, cuando el cariño se apagó, era yo quien más la quería. En el post anterior digo que un amigo me había propuesto acostarme con su chica por 40.000 pesetas (240€), puede parecer machista, pero el caso es que su chica estaba encaprichada de mí, yo era para ella un capricho, un juguete, mi amigo se fue de prostitutas y su chica lo notó en la economía y digamos que la chica le hizo ese chantaje. Esos dos sí que no sentían celos ninguno de los dos, pero amor tampoco, ni siquiera cariño. En fin, que sí, soy celoso, aunque no lo digo con ningún orgullo, más bien es algo de lo que no suelo hablar normalmente, y si ahora lo cuento es para que me sirva de efecto terapéutico. Aunque contra los celos el único tratamiento que nos pueda redimir de sus aguijonazos es mordernos los labios, resignarse, quien calla otorga.

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