Capplannetta nos da instrucciones para tener plenitud

En primer lugar diré que los consejos muchas veces sólo sirven para uno mismo. Al menos eso dicen. Mal de pocos, consuelo de nadies. En segundo lugar diré que para que te quieran bien, solamente es necesario ser tú mismo, eso sobre todas las cosas, luego están cuestiones como la empatía hacia los demás, eso siempre es plato de buen gusto. Otra cosa es la humildad, que no nos confundamos con la falsa humildad, lo mismo ocurre con la modestia, la falsa modestia es motivo de escarnios producidos por la vanidad, que viene siendo lo contrario de la humildad. A la gente le cae bien la persona sincera y que es sencilla, omitamos la vulgaridad, omitamos la chabacanería, omitamos la ordinariez, todo estos tres últimos defectos son primos hermanos que se llevan mal unos con otros, es obvio que no sean virtudes, aunque muchos de éstos defectos se confunden con la humildad, y eso, amigos, es un gran error. Luego está el tema del cariño, el roce hace el cariño, y el cariño se gana con respeto pero también con amabilidad. Una cosa importante es el respeto, el respeto nunca es moneda de cambio, tienes que ser dueño de tu vida para disponer de un respeto en su justa medida. También está el tema del hecho de ser extrovertido, o en caso contrario, introvertido, los dos son estados de la personalidad, aunque no tienen que ser lo contrario, se puede ser extrovertido con algunas personas, sin embargo con otras eres introvertido. De ninguna de las maneras se debe ser zafio, déspota, pendenciero. Es mejor que te digan tonto porque siempre vas con una gran sonrisa y eres amable, que te digan listo, porque sueles ser soberbio. Una cosa importante es la gratitud, y el hecho de saber perdonar. Perdonar es siempre una cosa que se aprende con el tiempo. No hables nunca mal de nadie, ya que hablar mal de alguien dice mucho de ti. Sé amigo de tus amigos, no reprimas un beso a una madre, un abrazo a un amigo. Es preferible que te critiquen por raro, que sacarle los defectos a la gente, todos los tenemos. Si tienes como deporte el hecho de ser altanero, solitario, o rarito, no culpes a los demás. Todos tenemos nuestra forma de ser, ser amables es fácil, más fácil es llevarse bien que andar siempre peleando. 

Capplannetta y los celos

Hace unos meses fui al podólogo, y cuando me rascaba el talón y la planta del pie con la máquina yo movía el pie bruscamente y me decía: -¿Qué te pasa? ¿Tienes cosquillas? Y yo le dije que sí. Y el podólogo me dijo: -Eres celoso ¿verdad? Y yo avergonzado le dije que sí asintiendo con la cabeza. El caso es que me viene de herencia. Mi abuelo también lo era. Mi abuelo en los tiempos que vivieron de campesinos y pastores en el pueblo le hacía nudos a la puerta de la casa por sí salía mi abuela o entraba alguien tenía que desatar nudos y por consiguiente mi abuelo descubría que había entrado en la casa alguien más que él. Mi abuela lo entendía, y entendía también que lo hacía porque la quería. Murió mi abuelo antes que mi abuela, pero mi abuela siempre lo recordaba con cariño. Yo también he sido celoso con mis parejas, pero yo me hice celoso con los años, digamos que fui engañado. Amigos desleales, parejas despechadas, todo ha sido una multitud de ingredientes. Mi ex dice que nuestro matrimonio terminó por mis celos absurdos, puede que tenga razón, pero siempre hay más que eso. Al principio ella me quería a mí más que yo a ella y cuando la conocí me hice el ciego en aspectos económicos, yo ya sabía que no era la mujer de mi vida, pero me casé y lo intenté, aunque fracasé. Ella me quería más a mí al principio (repito) pero después, cuando el cariño se apagó, era yo quien más la quería. En el post anterior digo que un amigo me había propuesto acostarme con su chica por 40.000 pesetas (240€), puede parecer machista, pero el caso es que su chica estaba encaprichada de mí, yo era para ella un capricho, un juguete, mi amigo se fue de prostitutas y su chica lo notó en la economía y digamos que la chica le hizo ese chantaje. Esos dos sí que no sentían celos ninguno de los dos, pero amor tampoco, ni siquiera cariño. En fin, que sí, soy celoso, aunque no lo digo con ningún orgullo, más bien es algo de lo que no suelo hablar normalmente, y si ahora lo cuento es para que me sirva de efecto terapéutico. Aunque contra los celos el único tratamiento que nos pueda redimir de sus aguijonazos es mordernos los labios, resignarse, quien calla otorga.