Capplannetta y el instinto paterno

Recuerdo que cuando estaba casado y veía una niña sudamericana se me caía la baba. En realidad sé poco sobre el instinto paternal, pero lo poco que sé, lo sé por mis hermanos, ya que ellos sí que son padres. Cuando algún sobrino mío se pone malito me afecta, no sé, no lo puedo remediar. Hoy le he dicho a una amiga que me despierta el instinto paterno, no sé cómo se lo habrá tomado, pero no creo que sea una ofensa. Ha habido mujeres en mi vida que me han estimulado el instinto paternal, aunque ese no es el sentimiento que quieren las mujeres de ti. Pero algunas mujeres dan ganas de abrazarlas y sentir conmiseración hacia ellas, también mis sobrinos. Si yo sufro por los padecimientos de mis sobrinos, imagínense sus padres. Recuerdo cierto día en mi niñez que despertamos a mis padres y mis padres se levantaron a desayunar, y yo y mi hermano nos quedamos en la cama de ellos saltando como en una colchoneta, y de pronto se cayó mi hermano de la cama dando una voltereta y se dio un golpe en la cabeza y quedó inconsciente, recuerdo que cuando lo vio mi padre cogió a mi hermano del suelo y se lo llevó al hospital, mi hermano despertó en el coche, sería del traqueteo del automóvil. Entonces nos dimos cuenta. Nos dimos cuenta de que mi padre iba en pijama y en zapatillas de andar por casa, eso, y al ver que mi hermano despertaba nos alegró el día. Digo esto como ejemplo vivido de que no soy padre, aunque tengo la idea de lo que puede serlo. Te desvives por tus sobrinos, pues con tus hijos que llevan tu sangre con gusto la lamerías porque esa sangre es tuya, como bien dejó escrito Lorca. 

Capplannetta Nunca Nadie Nada

Cronometré mis plegarias y todas duraron tres segundos, de cada mixtura que recojo en el transcurso, me llevo un souvenir repleto de olvidos, ya no confío en Mickey Mouse, sin embargo, me he hecho furtivo en los bosques negros, y trampas pongo a mis sueños, a mis placeres pequeños un gran cielo abierto, con el que se me erizan los vellos y mi corazón es un dulce y sagrado escalofrío. El momento de las despedidas tiene una dicha y una pena, el momento de la muerte es lo que no tiene solución, acaso un ángel viniera y me prestara su hombro en mi desconsuelo, pues no he fumado ninguna porquería, ni le eché vodka a mi vaso de leche. Me rodeo de rotundos desengaños que me arrancan la piel a tiras, y me invento personajes de arte pop en cualquiera de mis impresiones por domesticar, no conozco a nadie que no codicie un don de astro, yo no soy astro, y os digo hoy que nunca nadie, nunca nadie regresó de las tinieblas, pídele consejo a papá. Recojo leyendas en los bulevares, y me apropio de aquello que no hice, pero no es que sea un ladrón, soy un coleccionista de alegrías con minifalda. Me gustan las adolescentes con sus uniformes a cuadros, la tragedia inglesa es que nunca regresarán de los patíbulos de Oxford. Dicen los agoreros que llegará la mañana a ser mañana, y que la madrugada es tan suya que parece una pared en el campo abierto, pero yo conozco un algoritmo que la pone como Dios la trajo al mundo, libre y necesaria, atractiva y arrebatadora, el sol es lo único que nos queda a los amantes de la tormenta. Fuego sobre fuego es el universo, y éste poema en prosa finaliza ahora. 

Capplannetta y el mito Playboy

Yo no me siento para nada un Playboy, quizá en mi juventud haya tenido cierto éxito con las mujeres, pero nunca he sido un mantenido. Quizá porque no he podido, pero la profesión de “mantenido” es una profesión arriesgada. Conocí un tipo una vez, que estaba hecho un haragán y además un pingajo en la calle de homeless y el hombre tenía unos ojos de un celeste claro, eran casi turquesa, y tenía un hoyuelo marcado aunque lo disimulaba la barba relativamente larga; digamos que el tipo, por lo que vi en él y lo que me contó, al parecer tuvo una vida intensa. Decía que había sido proxeneta, y un Playboy, me contó que estuvo con un montón de mujeres a lo largo de su vida, y ya se sentía acabado, abandonado como un perro de nadie en la calle, ya no era aquel que fue. Me vinieron a la cabeza gentes como Porfirio Rubirosa, que estuvo con muchas mujeres aunque al final de su vida murió solo en Paris, aunque había hecho antes el papel de mamporrero o celestino de Trujillo (el dictador dominicano).  También en menor grado me viene a la cabeza Chet Baker, el trompetista y cantante de jazz, que aunque los últimos días de su vida fueran una tragedia aún por dilucidar, tuvo una vida de Gígolo de la que se sabe muy poco, o quizá no demasiado, lo que sí queda claro es que fue una especie de vampiro y que estuvo con muchas mujeres a lo largo de su breve vida, aunque era un gran músico. También está el caso de Hugh Hefner, que en el 1953 fundó la revista Playboy y de la que astutamente se hizo rico y famoso. Empezó con el número de Marilyn Monroe y la revista se vendía como rosquillas. La revista fue fundada en Illinois (Chicago) y es por todos sabido las fiestas que organizaba en su mansión y las que en varias entregas fueron televisadas donde venían al festejo músicos de jazz, pero en esas apariciones televisivas las chicas no aparecían desnudas. Si les soy franco, todo aquel que le haga un agravio a una mujer lo paga a lo largo de su vida. Hay veces que el agravante lo haces tú pero hay otros momentos que lo suelen hacer ellas, quienes hacen daño a la larga suelen pagarlo, es cierto.