Capplannetta y el tabaco

Me encanta fumar, ya sé que es peligroso y que fumar mata, pero en la vida como también en la literatura no se entiende sin el tabaco. Al principio se convirtió en un hábito para reuniones sociales, luego hasta llegar a la postmodernidad ha alcanzado dimensiones más individualistas. Todo se lo debemos a Sir Walter Raleigh, que fue quien lo introdujo en toda Europa. Sir Walter Raleigh era el preferido de la reina, ya que era marino, escritor, político, corsario y cortesano inglés, y tenía una perspicaz inteligencia, como se fumaba en sociedad les retó a la reina y a los cortesanos que podía medir el peso del humo, los cortesanos se preguntaron de qué manera, y Sir Walter Raleigh cogió una balanza y puso en un lado de la balanza un cigarrillo entero, apuntó su peso, entonces se fumó el mismo cigarrillo que pesó cuidando de que toda la ceniza y la colilla (pucho) se pesaran en la balanza y apuntó su peso, luego lo restó con la cantidad que había anotado del cigarrillo entero y ese era el peso del humo: el resultado de dicha resta. También se han dado casos que literatos fumadores, en la novela La Colmena de Camilo José Cela se fuma muchísimo entre el grupo de escritores y poetas parroquianos del café. Roger Wolfe, el escritor hispano-británico es un gran admirador del tabaco, pero al final acabará siendo ilegal y tendremos que conseguir nicotina en el mercado negro, si no, ya verán al tiempo. 

Capplannetta y el hecho de bloguear

Como ustedes saben tengo un par de webs/blogs, y en ellas autoficciono mi vida particular, vamos, que hablo de mi vida privada. Podría hablar de otras cosas pero hoy día es muy cotidiano exponer su vida o su arte, según sea lo que se quiera exponer. Odio la palabra exhibicionismo, lleva una connotación como de exhibicionista y no me gusta, además que no es eso lo que hago. Cada vez existe más gente que se expone de manera normal y la gente entra en su intimidad como si entraran los vecinos aquí a mi sala de estar. ¿Se vulnera la intimidad o somos nosotros quienes lo hacemos posible? En toda literatura cuando un escritor nos narra una historia nos cuenta detalles de su vida privada, autobiográficos, otros lo llaman autoficción a lo de mezclar ficción y realidad, pero el maestro por antonomasia es Truman Capote y su literatura realista, como en un cuadro de Hopper. La realidad es como un poliedro de perspectivas que todas definen al autor, o en el otro extremo, en ninguna de ellas. En Instagram se publican conversaciones, incluso se recita poesía en directo, y todos se exponen. Internet a cambiado el concepto de intimidad que antes sí teníamos de otra manera, eso es cierto, pero se ha virtualizado nuestra rutina y eso es porque la gente está muy sola, la gente está alienada cada uno en su frontera particular. 

Capplannetta y su despertar

No sé decir a qué hora me voy a dormir ni tampoco la hora que me voy a poner en pie. Los existencialistas llamarían al despertar como la primera náusea del día, aunque yo no, para mí despertar es comprobar que sigo vivo y lo primero que hago es ir al baño (imagínense), a veces incluso a vomitar, pero me lavo las manos y la cara, me bebo mi primer café y ya comienzo a ser persona. Me fumo un primer cigarrillo y me pongo algo de música (el tipo de música varía en cómo y de qué manera tenga el ánimo), a veces me pongo flamenco, otras, me pongo algo de pop rock, pero siempre en español, tengo que entender lo que escucho, otras veces pruebo con el silencio, a veces es lo mejor. A veces me despierto temprano, y otras, según a la hora que me acueste, me suelo despertar tarde. Me tomo un vaso de leche de vaca semi desnatada y también un gran vaso de leche de soja. Suelo ver el correo electrónico y las noticias de Twitter. Una vida de lo más normal, ya que no soy una persona complicada. Soy la mar de sencillete. Después llamo a mis padres antes que ellos me llamen a mí, pues se preocupan si me demoro. Me encanta asomarme al balcón y que el cielo sigue azul, y que ya empieza a haber gente en la calle, esto me consuela bastante, porque significa que hemos hecho las cosas bien. Yo no suelo patalear como otros ni darme ínfulas de nada, con tener café, y gracias a mis padres, comida diaria no necesito de grandes maravillas para estar bien, y que conste que no digo feliz, la felicidad es muy relativa. No confío de la gente feliz, ocultan algo.