Capplannetta y el matrimonio feliz

con el agua subiendo

El otro día reflexionaba sobre la soledad y el matrimonio, y llegué a la conclusión de que la soledad es triste, aunque más triste es la soledad en matrimonio con hijos. Es triste que sólo te quieran porque los mantienes sin decir reproche alguno, incluso los hay quienes se casan por la viudez, ya sea por parte del marido en caso femenino y la mujer en el caso masculino. Cuando hay mal ambiente en el hogar y los hijos se ponen de parte de la madre por temor, o por sintonía con la madre, quizá sea al revés, mujeres solas en contraposición con el marido e hijos a los que les gusta el fútbol, el mismo equipo, y además esta gentuza que son socios de un equipo y tienen a la mujer sumisa y sometida al marido. Con lo feliz que se es viviendo en matrimonio. El matrimonio es pura felicidad, follas cuando quieres, la mujer siempre te tiene preparado desayuno, almuerzo, merienda y cena. Qué felicidad. Luego está el tema de los hijos. El orgullo de padre es un sentimiento tan grande que los que no tienen hijos no saben lo que se pierden. Cuando te sale un hijo que es un genio, pero no da palo al agua, antes por lo menos iba al instituto pero ahora con el coronavirus es que tiene más suerte que un chino en las tragaperras. La armonía familiar. Te casas, tienes hijos, eres feliz, cuando se cansa de ti se divorcia, se queda con el piso y después mete a otro tipo en el piso al que tus hijos le dicen papá. Qué felices son los casados. Son felices porque lo mejor viene cuando llegan las vacaciones, descansas tú, pero ella cocina, lava la ropa, hace las labores del hogar, ¿qué mierda de vacaciones son esas? Me dirán soberbio, pero no hay nada comparable a la felicidad del matrimonio. El matrimonio es vida, joder.

Capplannetta en su momento de aprendizaje

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Escribir poesía es un acto que tiene dos fuentes de alimentación, que son la lectura y la dedicación exclusiva. La poesía, es decir, crear poesía, es un acto con mucha dificultad, pues la poesía es viva en imágenes poéticas y metáforas que salgan de las páginas de un libro como si fuesen auroras boreales. Tengo que confesar que todo lo que he escrito no me satisface, pero la vida es desdeñosa para las satisfacciones. Me considero un autor aficionado, no me gusta cansar al lector repitiéndome, aunque no me gusta ir por la vida de escritor. Hasta que la literatura no sea para mí una profesión es mejor evitar el egocentrismo y la egolatría, aunque en el caso de que se convirtiera en profesión intentaría ser humilde y cercano, aunque esto no quita que jamás pretenda tener una cara visible ante un público, el cual te pide un autógrafo, o cree que perteneces a su juego de personajes que aparecen en la televisión y les debes algo, eso, creo yo, es la esclavitud de la fama. Ahora soy un escritor aficionado en proceso de aprendizaje, y esto, vuelvo a repetir, tiene las dos fuentes de alimentación antes mencionadas. He echado muchos sapos y culebras en negro sobre blanco. He viciado una manera de reiterarme en un monotema que no me hace a mí bien, ni al lector. No soy la única persona que sufre en el mundo, de ese sufrimiento debo de aprender a reírme de él. Quiero beber de todas las voces poéticas, aunque evitando el hecho de ser un epígono (¿no creen que es fea la palabrita?), evitar ser un epígono hace el hecho de escribir poesía como aún más difícil, pero en realidad no es algo que me preocupe, pues no pretendo ser un Nobel ni pretendo la inmortalidad a base de borrones y equivocaciones que sólo ofrecen vanidad, de la que no quiero ser el copión de la clase. Lo que verdaderamente me satisface es que la gente me quiera, y a gente me refiero como padres, hermanos, familia y amigos. No, no voy a hacer ningún pacto con el demonio para lograr fama y gloria, la fama es efímera y la gloria es para gente esencial, yo no soy esencial, soy otro más. Trato de aprender leyendo y relacionándome con la palabra como alguien que juega y se divierte. A veces me distrae más hacer mixturas (collages) que unir verbos y adjetivos. Pero yo cada día que pasa aprendo más y mejor, y quiero y creo aprender aún más y más.