Capplannetta quiere tocar el fuego

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¿No te das cuenta que no puede ser? No sé quién te ha metido la tontería esa de querer tocar el fuego. No aguantarías ni tres segundos tocando el fuego, su calor quema, es imposible que toques el fuego. Lo hemos hablado ya infinidad de veces y tú sigues empeñado en tocarlo, incluso hemos ido al hospital a curarte las quemaduras, y total ¿para qué? ¿Qué te meterías en el bolsillo tocando el fuego? No lo conseguirías ni siquiera con un traje ignífugo, el traje aguantaría un instante y luego la calor lo destruiría sin tregua alguna. Antes utilizaba el fuego la inquisición para purificar las almas en nombre de Dios, ¿pero porqué se te ha metido esa idea de tocar el fuego? Y más ahora y en este punto del planeta, ni en Groenlandia aguantarían cinco segundos con la mano desnuda en el fuego, arderías, como si tocas con tu mano mojada la electricidad, de igual forma arderías, es insoportable el calor tan destructor que tiene el fuego, sólo da paz a un metro apartado de él, debe estar estanco si es electricidad, debes de respetarlo, por eso dirán,  digo yo, la frase esa hecha de No juegues con fuego. Te voy a contestar a lo que dices: el fuego es tu sombra, es la luz en la oscuridad de la noche, el fuego está vivo, y vive, aunque éste viva a espaldas de mí, el fuego tiene poder. Un poder que crece y se hace un monstruo imbatible.

Capplannetta da el salto mortal

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Para dar un salto mortal lo más necesario es tener un público. También es preciso decir que no todos los saltos mortales son iguales. Un verdadero salto mortal es más espectacular cuanto más huevos tenga. Hablando en plata. Es cuestión de público y de cojones. Estás preparado para dar el salto mortal pero a última hora tienes un ataque de pánico, sabes que no puedes tomar ningún tranquilizante, porque si no sería un aterrizaje a los brazos de Morfeo a lo bestia, sería algo brutal, como si al tirarte al colchón te dieras una hostia suprema. Resulta que con tranquilizantes sería como marcharte a la cama, un salto mortal como Dios manda debe de disponer de mucha valentía, debes ir vestido con ropa cómoda, una capa blanca con lentejuelas y un antifaz también blanco, ya que es importante que nadie te conozca lo más mínimo. Te subes al trapecio, allí te espera el compañero trapecista que dará el salto contigo y te sujetará. También está la otra opción de dar el salto mortal por una rampa gigante conduciendo un vehículo como un coche. Bien, ya estás preparado para dar el salto mortal, todo el mundo está expectante, les da igual como si sales indemne o te partiste la crisma saltando, el público está sediento de acción, te dispones para dar el salto y viene hacia ti un gato negro, muy negro, y a ti como no eres supersticioso te da igual, estás en el punto de salida y estás preparado para coger velocidad, de repente te vienen súbitas ganas de ir al baño, te pregunta el representante, que son ganas superiores o menores y tú le contestas que las dos. El representante está decepcionado, entiende que estás acojonado y no quieres dar el salto mortal, ese que te hará famoso, el que te catapultará al éxito de inmediato, de repente sales del baño. Concienzudo, el público ya se está cansando, de repente das el salto, te abres camino hacia la otra rampa que te espera al otro lado, parece que llegas, llegaste, pero no, caes en medio de un lodazal, pero lo has intentado, ¿quién sabe? Es tu primera vez, nada sale perfecto la primera vez, te dan un premio de consolación, de repente te pones a llorar y te preguntas: -¿para qué sirvió jugarte la vida? Fracasaste dando el salto mortal, aquel que te llevará a la fama, el que te catapultará hacia el éxito inmediato.