el ocio en los tiempos de pandemia global (coronavirus COVID-19)

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La ley de los hombres es una paliza a la que despluman sus alas, no seáis hipócritas, a nadie le gusta trabajar, y cuando reciben un caramelo como el COVID-19 todos se van como si nada, otros apuntan al ocio si ociosos antes ya eran.Un tipo por televisión dice: que las enfermedades contagiosas son  como una lotería, otros, hablan de medicina de guerra y la única guerra que conocieron es la de escapar del tedio y la rutina hasta que lejos ve las luces encendidas de su casa, de su segunda residencia. La paradoxa de la cual escapan los sentidos comunes porque dicen que es el menos común de todos los sentidos. Se apaga una luz y se enciende otra, ya no quedan camas en los hospitales para tanto enfermo del COVID-19, frívolo es decir que coger el virus es una segunda oportunidad por si no disfrutasteis de las merecidas vacaciones, otros hablan de manera demagoga comparándose sanitarios con las huelgas de pilotos y controladores aéreos en época de vacaciones, la gente es vengativa, y quedarse sin vacaciones no lo perdonan, sobre todo por lo que cuestan que te las concedan, luego están los museos de las maquinarias que se paran por que la Salud lo obliga, con lo fácil que parece parar la máquina que supone un país en crecimiento, los bajones de bolsa, el miedo colectivo, todos impávidos acudimos al entierro de la sardina, ¿de qué sardina? Sí hombre, la que esperaban pescar los especuladores y un tiburón se los comió. Agudeza visual para derrocar a la cultura de un país, las Fallas no se cancelaron desde el 1936, el Museo Del Prado no se cerró desde la Guerra Civil, respeten las medidas contra el contagio, y todo Dios en casa.

Capplannetta y las prosas del sueño

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Empecé a escribir, primero, como venganza, después, para golpear el vestigio rebosante de lamentos, después, porque era lo único que me quedaba. Sueño, sueño, sueño, inercia de esperma como una estampa de una bandada de delfines con los lomos empapados de mar. Inercia y libertinaje de astros bailando en torno al orgasmo onírico. Pasillo de artes sin academia ni diplomatura, liturgia de esplendores fugaces que originan una catástrofe de hilaturas mojadas de aurora. Te creo. Te creo porque me lo ha dicho un Dios samaritano y cien colibríes que siempre han sido ángeles finos. Cierto día me esculpiré en fuego para estar cerca de tu cara fría y encender como faroles las luces de tus ojos. Apetito pequeño que crece en el sueño, y un empeño de purpurina brilla más que tus labios húmedos, sangre que quiere ser feto pretende coagularse en la plenitud del oxígeno, como respirar con un caramelo de eucalipto en la boca, brotar saliva en el descanso del sueño, refugio de huecos de escalera en algún rellano helado que se olvida de nuestra calor de juventud. Te cortarán la vena del sueño como cortan con navajas las pieles de naranja.