Capplannetta y su primer poemario

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Ahora en septiembre se cumplen veinte años desde que publiqué mi primer poemario, debo decir que a estas alturas no lo hubiese publicado. El libro se titulaba El Grito del Arlequín, era una especie de poemario de cuentos, con siete u ocho poemas mal rimados y largos como día sin pan. Repito, hoy no lo hubiese publicado, pero lo publiqué y fui mal asesorado, era mi primer libro y me quería comer el mundo, pero el mundo me engulló a mí antes. Tuve que aguantar que me tildaran de Poeta de las razas, que cojeaba mi poesía y muchas cosas más que no diré por vergüenza. A lo hecho pecho, eso dicen, pero era un libro de un chaval joven que quería ser poeta (empezaba a serlo) aunque el hecho de ser poeta no se me puede atribuir ni ahora, ahora que mi poesía ha mejorado, ahora que estoy más leído (aunque no lo suficiente) y ahora que tengo experiencia en auto publicación, experiencia, que la dan los años, y la vida que enseña, maestra vida, y he llenado muchos cuadernos de tinta para acabar escribiendo ante una computadora. Pero de lo que más me alegro es que todo tiene su proceso, y todo escritor que pretenda escribir decentemente bien debe leer, leer, y leer, y hacer no poca cura de humildad. Han pasado veinte años pero sigo siendo el mismo, a veces peco de ingenuo, otras de soñador e iluso, pero bueno, son cosas por las que luchar, la escritura, he leído a los clásicos (no a todos) aunque me queda tanto por leer… La verdad es que no leo demasiado a mis contemporáneos publicados, en realidad leo mucho blog, escribo, pero trato de leer todo aquello que me parezca interesante, hace mucho que no voy a una librería, tampoco a la biblioteca, me suelo descargar PDFs por Internet, también compro, pero estoy orgulloso de mis libros, a ver si vienen tiempos mejores.

Capplannetta en la Taberna Fantástica

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Poco se habla, o tal vez poco se conoce, la gran obra de teatro La taberna fantástica de Alfonso Sastre escrita en 1966 y estrenada en 1985. Quizá sea porque el autor anduviera en sus últimos años entre “malas compañías”. Pues en sus últimos años anduvo con la izquierda abertxale, si consideran los tuercebotas que éstos son los malos; ni malos ni buenos, los ideales van en otra dirección, o a otro ritmo a la obra de un escritor o poeta, sea cual sea su raigambre o su raza. La taberna fantástica es un espejo fiel de la España analfabeta y también de su lumpemproletariado más enquistado en el norte de España, en las dos Castillas y en la Capital. Hablo en especial de la etnia de los mercheros, de los mal llamados kinkis, de aquellos que se dedicaban a hacer la quincalla, a hacer utensilios de menaje con latas y materiales fáciles en ese manejo del oficio marginal y hoy en día en desuso. Cuando hablo de mercheros también hablo de estigma social, de marginación, de jerigonza distinta, chapurrean entre el romaní y la jerga del lumpen, viven en clanes como los gitanos, y muchos son carne de presidio, y en algunos casos de reformatorio. Rafael Álvarez “El brujo” nos deleita (otra vez) con un monólogo que empieza con Mi vida es una novela y sigue en su papel de Rogelio “el hojalatero” y después sigue como colofón del monólogo el interpretado por Vicente Cuesta en el papel de “Carburo”, aunque también he visto la obra en el papel de “Carburo” a Juan Luis Galiardo; la génesis y la estructura de los dos monólogos, el de Rogelio primero y a la zaga el de Carburo, gozan de una expresión dramática que no nos deja indiferentes, refleja muy bien la vida de aquellos años de abusos y tropelías variadas contra la población más débil debido a la vida nómada y por parte de las autoridades de la época, fascistas y severas. La taberna fantástica es una brillante obra de teatro, que abre espacios para conocer tal idiosincrasia española, no es un mundo para hacer turismo ni para tomarlo con frívola distancia, pero sí relevante socialmente hablando. Hoy día los mercheros han dejado sus carros y su quincalla, algunos son afiladores, o los ves por los mercados vendiendo sillas o aparejos de cocina. Muchos son analfabetos, pero son astutos en los temas de la vida, y usan una picaresca adormecida por las vidas de confort algodonado y acolchados entreactos de modorra hipócrita como sobremesa que estamos viviendo hoy en día. Busquen en YouTube La taberna fantástica. La sugiero y anticipo luminarias de entendimiento y de conocimiento enriquecedor. Es todo un ejercicio antropológico de cómo han ido cambiando los tiempos, parafraseando a Dylan, y se sentirán con el privilegio de husmear en la vieja Europa más negra y en la huella que rastreamos aquellos que no nos conformamos con las historias de celofán y materiales sintéticos como el poliéster de gran hipermercado y rebajas de oropel, o el moderno nylon de desprecios ocasionales y decadencia que aparta y margina dentro de martingalas provenientes desde los aires de grandeza y ridícula superioridad del todo gratuita. Véanla.