en la playa

Chicas que se desnudan ante el mar con sus gaviotas y un sol de media tarde y frágiles como polluelos de gorrión se acercan a las rocas calientes, calientes de todo el sol recibido a lo largo del día, y notan el tacto de las rocas calientes y se encuentran a salvo por esas partes del cuerpo. Están mojadas y ya en la tarde se repliega una brisa con mezcla de aire fresco, y eso, y que el sol ya se pone, les da frío. Juntas con sus grandes toallas y su desnudez absoluta parecen un cuadro de Rubens con sus mujeres anchas de caderas y profundamente voluptuosas. Seguramente no han dado ninguna vez de mamar, o sí, ¿quién sabe? Pero hasta su primer calostro debió de ser nutritivo, son hembras fuertes que resisten jornadas de trabajo de diez y doce horas, y después la casa, el hogar las clama. Son estas horas en la playa cuando más lo gozan, desnudas y frágiles y recargan más batería de la que generan. Son mujeres bellas, extraídas del horario de oficina, van en busca de los últimos coletazos de sol, en el trabajo el café, los dossiers y ese jefe puntilloso que las quiere ver trabajar, sea en lo que sea, hagan lo que hagan, ellas se levantan por la mañana en verano, y mientras cuchichean de camino al trabajo: luego a la piscina y se guiñan un ojo, lo hacen para que las demás no le digan a su jefe que se desnudan en la playa, menudo alboroto se daría en la oficina, se enterarían todos,y les joderían los planes.

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