carta para mamá

Querida Mamá,

 

Los colchones donde suelo dormir se han hecho duros e incómodos, las heridas en las palmas de mis manos se disuelven en suspiros que de manera efervescente ya no tienen el efecto analgésico que antes sí tenían, todas mis preocupaciones se convierten en tres ceniceros repletos de colillas y sorbo a sorbo en cada café puedo perder los nervios que ya de por sí también tenía, suelo escarbar en los sueños de algún vecino anfibio que viene a visitarme con sus pesadillas y me pone en un tercer grado que yo pronostico acabará mal. Estamos preocupados por ti, sí, mi Madame Bovary, sí, mi Madame Butterfly, sí, mi Anna Karenina, mi caramelo de crema de dulce de leche, mi antigua Cleopatra, mi Lucero con pelo rubio, estamos tan preocupados por ti que mi reino de paz se ha vuelto lánguido y espeso como un tren de chicle bobo al que le persigue una boca salivosa, ojalá el dolor de tu rodilla se evapore como los vapores chiquitos de un té de limón y hierbabuena, ojalá tus dolores de cabeza se hagan fugitivos de una revolución libertadora y toda la represión la encuentren escondida en los exabruptos exagerados de una chabacana que ni quisiera encontrarme, y lo de tu ojo, que no sea nada malo, le rezaré al niño Jesús, a la Virgen del Cobre, a la Virgen de Guadalupe, a la Virgen de Regla, no sé, a una estrella, a una flor, a la primera doncella que se emancipe del barrio, a los colibríes azules, a los verdes, a los amarillos, oh Mamá, no padezcas ni angustia ni calentura, no padezcas ni preocupación ni molestia alguna, dejaré de fumar tanto para que dejes de temer en mi primer infarto de miocardio, dejaré de beber café, que sí, por la retención de líquidos, que sí, también por mi hígado, recuerda, las promesas que se escriben son las verdaderas, las que deben cumplirse, no, no pienso hacer deporte, me veo ridículo corriendo y haciendo ejercicio con esas poses tan chistosas, cuando te mejores quiero que tú y papá viajéis, no sé, por el mundo, un crucero de esos, o ¿te imaginas? ¡Nueva York! Lo sé, lo sé, a papá le molesta el bullicio, o, no sé, París, Roma, Londres, ya hablaremos los hermanos, también depende del dinero que haya, tu hijo que te quiere: Cecilio.