ciudadano del mundo

Bandera Barçeñola

Yo no soy lo que se suele llamar un patriota, nunca lo he sido del todo, prefiero considerarme parte de una humanidad sea ésta como sea, que minimizar un sentimiento por el deber hacia las patrias putas. Cuando ganó el mundial la selección de fútbol yo no sentí una alegría especial, para nada me sentí parte de una potencia -en este caso de fútbol- a la que guardar respeto. Lo que sí me ocurre, cuando viajo fuera del país o cuando veo una película, que al escuchar una canción, o ver una escena de cine, o también un olor, me da una emoción especial el hecho de pertenecer a un imaginario colectivo, o tal vez recordar destellos de una infancia feliz que se evaporó no sin alegría e ilusiones. Una infancia tal vez con trazos de una España cañí. Aunque también me ocurre en el caso inverso: hago propias canciones de países a los que no pertenezco del todo y de veras me emocionan. Me ocurre en el caso de Argentina o México, con canciones como La Argentinidad al Palo o Ché Bandoneón de Mosalini con Cortázar, o en el caso de México, con canciones como la Jaula de Oro de Los Tigres del Norte, en fin, quería dejar patente que la patria de uno puede ser algo relativo, y un hecho circunstancial, creo yo.

raya y camino

raya y camino 00

En el carrusel de este mundo desnudado entre inviernos macabras me tropecé en el exceso de un absurdo y mordaz pentagrama, pues sé que el consuelo de muchos es partirse la cara y el consuelo de pocos es un consuelo de nadies, para nadie traduzco esta especie de melodrama, me tildan de loco cuando les viene la gana, me etiquetan de tonto la élite de exquisitez con trauma, yo me pongo y me descompongo como el vino que se avinagra, deberías saber que te quiero en calma pero tus nervios delatan comedias de tragedia mojigata, en el trasfondo de la pulcritud literaria no tienen mis versos una triste fe de erratas, pues se mide a las claras mis oscuras pasiones sin un mañana, a qué decir tiene que las bocanadas de este consuelo con la ocasión calva, se siente en el frío oportuno de la serenata que apunta la voz a la cuerda floja de mi palabra. Mi sabor a sal comprueba que la soledad se acaba cuando la noche apaga a millones de hipócritas luchas cotidianas, mi sabor a tabaco y a vainilla en vaina sabe que los que se conforman con la azotaina los vendrá a avisar el carcelero en la madrugada, ni sabor, ni pulpa del desconsuelo, la verdad que se niega en voz baja la gritan los atados a la desventaja, ya que los justos que tiritan contra un muro de espaldas se pelan los nudillos con saña golpeando su ceguera incauta.