una amenaza con ramalazos epígonos

Soledad frente el mar

Estoy harto de escribir sobre la soledad, la mejor compañía es la que te motiva hacia la plenitud. Un hombre ebrio de soledad es un hombre que ya conoce las dimensiones del teatro, los años pasan para una juventud agotada en la barra de algún garito, ya he descubierto que no tengo edad para drogarme, ¿acaso no me podéis hacer alguna concesión de vez en cuando y darme un momento de dicha plena como a los inocentes esos que son ángeles que se estropean luchando por la razón desde la sinrazón? No, no quiero limosnas, ¿qué diría hoy el misántropo de Pío Baroja? ¿Qué diría también el loco de Friedrich Nietzsche? ¿Qué opinaría Josep Pla desde su masía en el Mas Pla? Quizá alumbrarían su soledad con un rastro de hilo blanco atado a todo lo que se va, yo prometo atarle algo a todo lo que se me acerque, pero esta vida, esta vida de asquerosas soberbias y de asquerosos intereses da razón a la mayoría de personas que copia aquello que hace la mayoría, no, no guardo rencor, tan solo quisiera ser como todos pero diferente, es decir, estar dentro de vuestra sociedad plural, de vuestra diversidad de culturas, pensadlo bien, porque si no lo hacéis me haré Nacional Socialista, y entonces tendríais una razón, la verdadera razón, para que me deis todo el desprecio del mundo.

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