Catarsis

por que no

Cuánto echo de menos las tertulias hasta bien tarde donde se fumaba, se bebía, se discutía en voz alta, se diseccionaba con objetividad la obra de un compañero, se cantaba, se reía, se recitaba, y todo eso rodeado de un sinfín de columnas de libros, ya que el local era el almacén de un editor independiente. Después cuando fueron enfermando debido a la vejez, ya que muchos fueron víctimas en primera persona de esa Guerra (in)Civil, salíamos al bar y en las terrazas de un bar de comidas gallego nos quedábamos hasta el cierre. Aquello eran buenos tiempos. De todos los compañeros de tertulia solamente mantengo contacto con uno, con Juan Antonio Herdi, ya que con él comparto la redacción y la edición de una revista llamada Nevando en la Guinea, los demás algunos andan por Facebook, otros están apartados de las redes sociales, otros están a merced de los años y lo que eso conlleva, y otros están ya fallecidos. La tertulia no tenía nombre, pero como publicábamos trimestralmente un número de una revista llamada Catarsis, la tertulia también se llamó Catarsis, pero lo bueno dura poco, la economía y problemas de tipo burocrático acabaron con esta práctica. Quería hacer este breve homenaje hacia las tertulias con humo en sus reuniones, con la euforia de la bebida en la que algunos se entregaban con pasión, a una tertulia como está mandado, ahora se cogen la minga con pinzas.

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