misantropía

soledad 0'0

Dedico este pensamiento a los mal llamados misántropos, misántropos como dicen que era don Pio Baroja, otro misántropo que me viene a la memoria es Miquel Bauça, los dos magníficos escritores. Yo creo que para ser misántropo hay que tener una razón de peso, la una: haberte desengañado de la mezquindad humana, la otra, y muy común: haber comprobado que nada ha cambiado en la insulsa y a la vez vanidosa humanidad, por suerte, no todos somos así. También existe esa legión de superficiales adictos a repetirte tus defectos más que tus virtudes, a veces he llegado a ser un gran misántropo, tanto, que recluirme y a la vez que ausentarme han sido una actitud que los que me desean lo peor no lo han notado apenas, luego están los que a base de criticar a los demás son felices en su mundo nimio, sin afectos y repleto de miserias. Yo les deseo a todos mis semejantes que salgan, que hagan deporte, que se reúnan, que sean alegres con amigos o sin ellos, pues no hay mejor misantropía que la de huir nada más que de aquellos que no te convienen, o te sobran como no lo hace el vil metal.

1 comentario

  1. Sade examina el judaísmo de la siguiente manera: En primer lugar, critica el hecho de que los libros de la Torá hayan sido escritos mucho tiempo después de que los supuestos hechos históricos que narran hayan ocurrido. De este modo, afirma que estos libros no son más que obra de algunos charlatanes, y que en ellos se ve, en lugar de huellas divinas, el resultado de la estupidez humana. Prueba de ello, para Sade, es el hecho de que el pueblo judío se autoproclame como escogido, y que anuncie que sólo a él habla Dios; que sólo se interesa por su suerte; que sólo por él cambia el curso de los astros, separa los mares, aumenta el rocío: como si no le hubiese sido mucho más fácil a ese dios penetrar en los corazones, iluminar los espíritus, que cambiar el curso de la naturaleza, y como si esta predilección en favor de un pueblo pudiese estar de acuerdo con la majestad suprema del ser que creó el universo . Además, Sade presenta como prueba que debería bastar, según él, para dudar de los acontecimientos extraordinarios narrados por la Torá, el hecho de que los registros históricos de las naciones vecinas no mencionen en absoluto esas maravillas. Se burla de que cuando supuestamente Yahvé dictaba el decálogo a Moisés , el pueblo «escogido» construía un becerro de oro en la llanura para adorarlo, y cita otros ejemplos de incredulidad entre los judíos, además de decir que en los momentos en que éstos fueron más fieles a su dios, fue cuando la desgracia los oprimió con mayor dureza.

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