una cátedra en rumba catalana

el ventilador

Hace tiempo decidí encadenarme al venerable oficio de escritor, pero me echó para atrás el nepotismo y la falta de lucidez de mis amados escritores, sí hombre, aquellos con quienes comparto una generación, después pensé que para llegar a ser buen escritor por mi cuenta debía ser también ratón de biblioteca, pero me dije a mí mismo que para nada sirve tener mucha teoría a cerca de una cosa u otra si en realidad todos aquellos que han leido y releído no llevan a la práctica aquello que saben, solamente se atreven a dibujarlo en su mente. Después con el tiempo pensé en hacerme poeta, quizá mal poeta, pero me dije que ni la poesía ni la filosofía ofrecían lo que prometían. Ahora me amarro a aquello que verdaderamente soy, yo, tengo una cátedra en rumba catalana, conozco sus secretos, conozco sus leyes y la he disfrutado en su esplendor, allá por el año 1992. Pero los provincianos desconocen que para ser culto en una cosa no hay solamente que entregarse a ella, hay que amarla con todas sus consecuencias, sean éstas cuales fueran, y a eso pocos se han atrevido en las facetas antes señaladas. Pues el escritor es vanidad, el ratón de biblioteca un pobre solitario, y el poeta un mentiroso, pienso que es mejor entregarse a una cátedra como la rumba catalana, eso sí que es gozar de la vida.

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